Soy David García, alias el nudista emprendedor. Me desnudo digitalmente cada miércoles para hablar de lo que otros esconden bajo el traje.
📅 Cada miércoles hay post. ⏰ ¿A qué hora? Cuando una conversación en el sofá me recuerda que esto va de personas, no de métricas.
Hoy existe porque Asun vino a casa, nos miramos a los ojos y entendimos que conexiones como la nuestra son la única razón por la que merece la pena seguir en una red social.
Asun entrando en escena
En marzo ni nos conocíamos. Éramos dos perfiles más, dos titulares más, dos “acerca de” más perdidos en el scroll infinito.
Hoy, tengo claro que con Asun colaboraría sin pensarlo, pero no por lo que pone en su titular, sino por cómo es como persona.
Eso el algoritmo no lo ve. Ve interacción, no afinidad brutal. Ve clics, no feeling. Y sin embargo, son justo esas conexiones las que te recuerdan que detrás del azul LinkedIn hay gente de carne, dudas y proyectos.
En la casa nudista, Asun viene a hacer justo eso: poner palabras humanas donde otros solo ven etiquetas.
Por cierto, si necesitas ayuda con tu «Acerca de», Asun es la QueenBio.
La trampa del titular
En LinkedIn jugamos a resumirnos en una línea. “Consultor”, “Copywriter”, “CEO”, “Mentor”.
El problema es que cuando te crees tu propio titular, te olvidas de lo demás.
Con Asun nos pasó al revés: empezamos siendo dos etiquetas y terminamos siendo dos personas que podrían trabajar juntas, hacerse favores, montarse un lío creativo cuando les dé la gana.
Ese viaje no lo hace el algoritmo, lo hace la conversación.
Ejemplo aplicable:
Yo antes de aceptar una invitación, reviso el perfil en unos y le mando un mensaje contándole que me ha parecido interesante de su perfil.
Pregunta algo que no se pueda responder con un simple “sí/no”: “¿Qué hay detrás de tu titular que no se ve en LinkedIn?”.
Hackeos humanos
Aquí es donde empieza la rebeldía: no se trata de contentar al algoritmo, sino de usar la red para acercarte a personas con las que de verdad podría pasar algo.
1. No te fíes del título
Yo soy nudista, no CEO de mi empresa. Asun no es solo lo que pone en su headline.
Detrás de cada etiqueta hay una historia que no cabe en una frase.
Cómo aplicarlo:
En lugar de comentar “qué buen post”, escribe: “Leyéndote, me da la sensación de que detrás de esto hay algo que no cuentas, ¿cuál es?”.
Cuando alguien te pregunte a qué te dedicas, responde con una mini historia, no con tu cargo.
2. Mencionar personas para ampliar la conversación
Mencionar a alguien no es una técnica de alcance, es una forma de decir: “lo que estás construyendo también te incluye”.
Cuando compartes escenario, la conversación se hace más grande y más honesta.
Cómo aplicarlo:
Si publicas sobre una experiencia de cliente, menciona a la persona que te hizo pensar en eso y cuenta qué aprendiste de ella (con su permiso).
Si alguien te inspira un post, etiquétalo y díselo claramente: “este post existe por ti”.
3. Enviar cosas a otras personas
Un post, un libro, una canción, un curso, un evento. Ese gesto pequeño abre conversaciones que ningún algoritmo sabría iniciar.
Cuando conectas con alguien, en lugar de soltar tu pitch, compartes algo que le ayuda a entender cómo ves tú la red.
Yo, por ejemplo, comparto mi post con mis mandamientos de LinkedIn con las nuevas conexiones para que entiendan tu forma peculiar de usar la plataforma.
En privado, se puedean enviar posts de otras personas, cursos que les pueden servir, eventos que encajan con su momento. Eso es cuidado, no estrategia.
Cómo aplicarlo:
Después de una primera interacción, mándale a esa persona un contenido que no sea tuyo y explícale por qué pensaste en ella al verlo.
Una vez al mes, haz limpieza emocional de la bandeja: pregúntate a quién podrías enviarle algo que le haga sentir acompañado.
4. Sacar la conversación fuera de LinkedIn
LinkedIn es la puerta, no la casa.
El valor real está en los cafés, las llamadas, los audios de WhatsApp, los proyectos que nacen cuando cierras la pestaña del navegador.
Organizas llamadas cuando sientes que alguien no está de ánimo. Compartes tu WhatsApp para tener un contacto más directo. A veces incluso acaban en regalos mutuos, detalles que no dan dinero, pero sostienen la relación.
Cómo aplicarlo:
Cada vez que sientas que una conversación en mensajes se queda corta, propón: “¿Te apetece que nos tomemos 20 minutos de llamada y nos ponemos voz? (o cara)”.
Si detectas que alguien está bajo de energía, pregúntale directamente: “¿Quieres solo que te escuche, o también que te dé opinión?” y ofrécete a hablar fuera de la red.
5. Tener personalidad en un mar de copias
Lo humano es ser distinto.
Si todos copiamos las mismas estructuras, los mismos ganchos, el mismo tono, nos volvemos intercambiables.
Ahí es donde Asun también suma en la casa nudista: ayuda a escribir “sobre mí” que no suenan a plantilla, sino a persona que respira, duda y se contradice.
Ser recordable pasa por atreverte a sonar a ti, no a lo que funciona esta semana.
Cómo aplicarlo:
Revisa tu perfil y elimina todo lo que podrías haber copiado de otra persona. Después escribe una versión que te dé un poco de pudor de lo honesta que es.
Publica algo que no esté optimizado: sin gancho perfecto, sin estructura de manual, pero con verdad.
Lo que no mide el algoritmo
El algoritmo mide clics, comentarios, compartidos.
No mide el feeling brutal que sientes cuando conoces a alguien con quien colaborarías sin pensarlo.
No mide que en marzo no os conocíais y ahora estaríais montándoos proyectos, cafés y llamadas sin dudarlo.
Las personas sí medimos eso.
Medimos cómo nos sentimos después de hablar con alguien. Medimos quién se acordó de nosotros sin necesidad de vendernos nada.
La próxima vez que quieras “ganar puntos con LinkedIn”, quizás la pregunta no es “cómo me ve el algoritmo”, sino “cómo se siente la persona que hay al otro lado después de cruzarse conmigo hoy”.
Moraleja nudista
La libertad no está en gustarle al algoritmo, está en construir relaciones que seguirían vivas aunque mañana cerrasen la red social.