Vol.11 1 año freelance = 7 años trabajando

Quién soy y por qué deberías escucharme

No soy un gurú del emprendimiento con 20 años de experiencia.
No tengo una empresa de 50 empleados.
No vendo cursos sobre cómo facturar 6 cifras en 90 días.

Llevo solo 2 años como freelance. Pero siento que he vivido 3 vidas de cuenta ajena.

He descubierto todos mis traumas de infancia saboteando mi negocio. Me he infravalorado hasta regalar trabajo. He metido tiempo y energía a proyectos que fracasaron. Me he reinventado tantas veces que ya perdí la cuenta de qué versión de mí voy.

Y he aprendido algo brutal: un año freelance equivale a 7 años de asalariado. Como los perros.

¿Mi credencial? Los huevos pelados de llevar 2 años viviendo en acelerado. Aprendiendo a hostias. Cayéndome y levantándome más veces de las que me gustaría admitir.

¿Por qué deberías escucharme? Porque lo que vas a leer no son teorías de un manual. Es lo que realmente pasa cuando decides que tu vida profesional sea tuya.

Por qué un año freelance equivale a 7 de asalariado

Cuando trabajas por cuenta ajena, el tiempo pasa de forma lineal.
Un año es un año. Vas a la oficina. Haces tu trabajo. Cobras tu nómina.

Repites.

Cuando eres freelance, el tiempo se acelera.

Y no porque trabajes más horas (aunque también).
Sino porque te toca vivir en 12 meses lo que un asalariado vive en años.

Aquí van las razones (con ejemplos de mi vida real):

1. Te toca autoexplorarte a niveles que nunca imaginaste

Ser freelance es descubrir que todos tus traumas de infancia y adolescencia estaban ahí, esperando a sabotearte.

Yo lo descubrí a raíz de escribir y publicar mi libro.

Me di cuenta de que:

  • No me sentía suficiente para hacer muchas cosas
  • Me autosaboteaba constantemente
  • Postergaba decisiones importantes
  • Me sentía atrapado haciendo cosas que debía hacer pero que realmente no quería hacer

Y eso me llevó muchas veces a preguntarme: ¿Quién coño soy yo?

No una vez. Muchas.

Cada vez que tenía que redirigir la ruta. Cada vez que algo no funcionaba. Cada vez que me pillaba saboteándome.

Cuando eres asalariado, puedes esconderte de ti mismo. Tienes un rol. Un horario. Una estructura que te protege de hacerte preguntas incómodas.

Cuando eres freelance, no hay dónde esconderse.

Solución que me funcionó: Trabajar con alguien que ya pasó por esto. Una mirada externa que te ayude a ver lo que desde dentro no puedes ver. (De ahí el capítulo anterior: necesitas acompañamiento.)

2. Te equivocas mucho más 

Hace un par de años le metí mucho tiempo y energía a un proyecto de una plataforma de meditaciones.

Pensaba que iba a triunfar. Fui con todo a variable (cobrar en función de los resultados).

Al final solo ganamos para cubrir los gastos de la publicidad.

Cero beneficio. Todo ese tiempo y energía… a la basura.

Cuando eres asalariado y te equivocas, la empresa absorbe el error. Tú sigues cobrando tu nómina.

Cuando eres freelance y te equivocas, tú absorbes el golpe.

No solo pierdes dinero. Pierdes tiempo. Energía. Confianza.

El error que más he repetido: Infravalorme.

Regalar cosas. Cobrar menos de lo que debería. Aceptar proyectos por miedo a decir que no.

A día de hoy no sabría decirte si lo he superado del todo. Pero al menos ahora me pillo antes.

Solución que me funcionó: Preguntarle a otras personas qué cobrarían ellas. Investigar mercado. Y recordarme pequeñas victorias para no caer en el síndrome del impostor.

PD. Equivocarse mucho forma parte del proceso.

3. Te reinventas cada X meses (quieras o no)

En estos 2 años he cambiado de público objetivo varias veces.

El más bestia fue cuando estuve prospectando congregaciones religiosas.

Cuando no me respondían (el famoso ghosting), me sentía mal. Como si fuera un rechazo de mi madre más.

Ya ves, los traumas nunca descansan.

Y el último cambio está en proceso ahora mismo:

Estoy pasando de una vida medianamente cómoda ofreciendo servicios de desarrollo web y marketing digital…

A tratar de crear un servicio para ayudar a otras personas a conectarse con sus superpoderes.

Y aquí me sale el impostor a tope:

A pesar de que tengo talento y lo he hecho conmigo mismo, como no tengo un título ni X años de experiencia, me pienso que no va a ir bien.

Y me pillo autosaboteándome.

Cuando eres asalariado, puedes estar años haciendo lo mismo. Tienes estabilidad.

Cuando eres freelance, cada pocos meses te toca reinventarte.

Porque el mercado cambia. Porque tú cambias. Porque lo que funcionaba hace 6 meses ya no funciona.

Solución: Aceptar que la reinvención es parte del juego y dejar de luchar contra ella.

(Aunque te confieso que todavía me cuesta.)

4. Te toca ponerte muchas gorras 

En estos 2 años he tenido que aprender:

  • Contabilidad
  • Fiscalidad internacional
  • Crear productos y servicios
  • Ser autor
  • Crear sistemas para trabajar eficientemente
  • Probar herramientas de IA
  • Ser creador de contenido
  • Huir de la infoxicación
  • Aprender a identificar vendedores de humo y encantadores de serpientes

 

Todo eso. En 2 años.

Cuando eres asalariado, te especializas. Haces una cosa. Te vuelves bueno en ella.

Cuando eres freelance, eres todo a la vez: contable, vendedor, operador, estratega, creador de contenido, coach de ti mismo.

Y eso acelera brutalmente tu aprendizaje.

Solución que me esta funcionando: Priorizar. Delegar lo que pueda. Y aceptar que no voy a ser experto en todo.

5. Estás al borde del infarto cada vez que sale un imprevisto

En algún momento le tuve que pedir un préstamo al 0% a mi padre.

Quería invertir en una formación y no quería quedarme sin flujo de caja.

Cuando eres asalariado, tienes una nómina fija. Sabes que el día X te ingresarán Y cantidad.

Cuando eres freelance, cada mes es una incógnita. Sobre todo al principio. 

Un cliente se va o te paga más tarde. Un proyecto se cae. Una venta no se cierra.

Y de repente estás haciendo números para ver si llegas a fin de mes.

Solución que estoy implementando:  Tener un colchón de emergencia. Diversificar ingresos. Y, lo más importante, aprender a vender sin miedo. 

La moraleja (que me hubiera gustado saber antes)

Un año freelance no es un año normal.

Es condensación pura de aprendizaje, errores, reinvenciones, decisiones difíciles y autoexploración brutal.

Por eso un año freelance equivale a 7 de asalariado.

Porque en un año vives:

  • El descubrimiento de todos tus traumas saboteándote
  • Errores que duelen (y que pagas de tu bolsillo)
  • Reinvenciones cada pocos meses
  • Aprender 15 habilidades nuevas a la vez
  • Estar al borde del colapso financiero más veces de las que te gustaría

 

¿Es más fácil ser asalariado? Sí. Mucho.

¿Vale la pena ser freelance? Depende. Siempre diré que este camino no es para todo el mundo.

Si quieres estabilidad, tranquilidad y no tener que mirarte al espejo cada dos meses… probablemente no.

Si quieres construir algo tuyo, crecer exponencialmente (aunque duela), y vivir a tu manera… probablemente sí.

Yo elegí lo segundo.

No es más fácil. Pero es más mío.

Reflexión final

Si estás pensando en dar el salto a freelance, que sepas esto:

Vas a crecer más rápido de lo que imaginas. Pero también te vas a equivocar más de lo que te gustaría.

Vas a descubrir partes de ti que no sabías que existían. Pero también te vas a encontrar con todos tus miedos e inseguridades.

Vas a tener libertad. Pero también vas a tener vértigo.

Y todo eso va a pasar en mucho menos tiempo del que crees.

Un año freelance = 7 años de asalariado.

Prepárate.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Compartir

También deberías leer...