Cosas que me hubiera gustado saber antes de emprender (Vol. 1)
Hoy quiero estrenar una serie de posts que me parecen útiles. Para vosotros, sí. Pero también para mí.
Porque poner en orden las ideas en la cabeza, escribirlas y compartirlas… ayuda más de lo que uno cree.
He llamado a esta serie: “Cosas que me hubiera gustado saber antes de emprender”.
Porque, sinceramente, si alguien me lo hubiera contado antes, me habría ahorrado disgustos, dolores de cabeza, horas de terapia y, por qué no decirlo, bastante dinero.
Cuando decides emprender, tu crecimiento personal y tu crecimiento profesional se funden en uno solo.
Ya no hay «modo trabajo» y «modo vida». Es todo la misma estructura.
Todo influye en todo.
Yo pensaba que había dos versiones de mí: el profesional y el personal. Uno que se sentaba delante del portátil y otro que salía a vivir cuando apagaba el ordenador.
Ahora tengo claro que incluso mientras entreno o cocino, se me ocurren ideas para ayudar a mis clientes.
Así que sí: son cosas que pasan. Y hay que disfrutarlas.
Dejar algo que no estaba mal… pero no me llenaba
Hace algo más de un mes, decidí dar por finalizada mi segunda etapa en Filipinas.
No estaba mal. Seguía gestionando bien mis proyectos, entraban nuevos, y hasta había conocido a una chica que entendía mis peculiaridades.
Pero sentía que algo dentro de mí se estaba apagando.
Todo lo que me enamoró en mi primera etapa allí, había empezado a perder brillo.
Empecé a sentir que me estaba acomodando. Que podía dar más. Llegar más lejos. Pero siempre encontraba una buena excusa para no hacerlo.
Y claro, cuando escribes un libro terapéutico como el mío (sí, el de Mi madre no me quiere), se te remueven cosas por dentro. Incluso las que creías que ya tenías resueltas.
Vuelta a casa. Y bloqueo.
Volví a casa. Contraté a un mentor (que probablemente se sentirá muy orgulloso al leer esto).
Y durante dos semanas, viví un subidón de creatividad. Ideas, claridad, chispa.
Hasta que… boom.
Volvió el bloqueo.
Pasé de estar en la cima a no poder escribir un maldito post.
Y entonces, como quien se da un golpe con una esquina invisible, vi la imagen clara en mi cabeza:
Era yo mismo frenando a mi versión que quiere ser visible.
A ese personaje interno que pone el freno lo llamo el guardián.
Lleva años protegiéndome del rechazo. Del dolor. De la vergüenza.
Y lo ha hecho bien, la verdad.
Pero ahora, ese mismo guardián me estaba impidiendo crecer.
Porque esa semana había empezado a prospectar clientes, y claro: recibí noes, ghosting, silencios incómodos…
Vamos, lo que le pasa a cualquiera que intente vender algo sin que se lo pidan.
Miedo al rechazo: el bloqueo silencioso
Y ahí estaba yo: incapaz de entender por qué me afectaba tanto.
Hasta que lo entendí:
Mi parte consciente sabe que he escrito un libro con historias incómodas, dolorosas incluso.
Pero mi subconsciente todavía tiene miedo a que no me quieran si muestro demasiado.
Ese es el niño interior que aparece cada vez que me expongo.
Por suerte, identificar el problema fue el primer paso para enfrentarlo.
Y como buen amante de las herramientas prácticas, me fabriqué una guía. Una especie de brújula para decidir si algo merece ser publicado:
-
¿Le puede ser de ayuda a alguien? → Publica.
-
¿Está alineado con tus valores? → Publica.
-
¿Hay una chispa dentro de ti que te ha movido a escribirlo? → Publica.
-
¿Te hace sentir en paz contigo mismo? → Ya estás tardando en publicar.
-
¿Lo publicarías aunque tenga 0 likes? → Entonces, definitivamente, publica.
Emprender no va solo de números
Por eso, amigos míos, emprender no va solo de aprender a usar herramientas, ni de cuadrar precios, ni de encontrar clientes.
Ni siquiera de elegir el país donde pagarás menos impuestos o aprovechar la IA para automatizar tareas.
Emprender es un espejo brutal.
Es aprender a conectar tu esencia con lo que ofreces.
Y si no haces ese trabajo, el fracaso no será técnico. Será emocional.
A mí todavía me queda un largo camino. Pero si he aprendido algo, es que el éxito llega cuando lo que haces resuena con lo que eres.
Y si no consigues eso… da igual lo bien que funcione tu embudo de ventas.
👉 ¿Tu también te has sentido identificado con el miedo al rechazo?